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Graciela Pacheco de Balbastro

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Tremebunda, una bruja bien inmunda

Tremebunda era una bruja fea, mala y antipática.
Viajaba en una escoba y estaba siempre sucia.
Tenía una gran nariz. En la punta de la nariz una verruga y en la punta de la verruga un pelo duro que pinchaba ¡ puaj!
Ya les dije: ¡más fea que un susto! Vivía en un castillo lleno de arañas, víboras y vampiros.
Tremebunda no le tenía miedo a nada ni a nadie, porque todos se asustaban al verla. Metía tanto miedo, que con solo nombrarla los chicos tomaban la sopa. Un buen día, decidió que había pasado mucho tiempo sin hacer maldades, así que buscó la escoba y de un envión ya estaba por las nubes.
Buscando a quien hacer daño, vio al señor que limpiaba los vidrios colgado de un andamio. Enfiló hacia él su escoba y cuando lo estaba por hacer caer, el señor de los vidrios ¡paff!, tiró el baldazo a la ventana justo, justito, cuando Tremebunda se cruzaba. Y la bruja se empapó de agua y jabón!!!!!!!!
En realidad, Tremebunda no le tenía miedo a nada. . . ¡ah! pero con el agua y el jabón era otra cosa. Medio muerta del susto, mojada y enjabonada, remontó vuelo otra vez, pensando en qué daño hacer.
En eso vio al chico de la estación de servicio y se dijo ¡ya sé! lo haré caer entre las mangueras. Y allá se fue, pero no vio que el pibe preparaba el agua jabonosa para lavar los autos y ¡páfate! justo, justito la alcanza a Tremebunda con el baño jabonoso.
-Disculpe, señora, no la vi. Fue sin querer -decía el chico, quien para ayudarla le tiraba más agua para quitarle el jabón.
Tremebunda estaba aterrada. . . no sólo le picaba y ardía todo, sino que se acordaba de los consejos de su mamá, que siempre le repetía que una bruja decente no se baña, no se lava las manos antes de ir a comer, ni se cepilla los dientes, ni se peina. ¡Que esas porquerías las hacen las personas, no una bruja!
Pero dispuesta a no dejarse vencer, maltrecha y asustada, subió a la escoba y buscó a quien hacerle una brujería.
En el patio de una casa vio a una nena que jugaba con su muñeca. Para poder bajar por sorpresa se hizo chiquita y ¡zzuumm!. . . cayó en picada en el patio. . . justo, justito cuando la nena buscaba la muñeca para sumergirla. Cuando la vio a Tremebunda exclamó:
-¡Pero que sucia está la pobrecita! Bañaré primero esta otra muñeca. . . y ¡zas! Tremebunda al fuentón...
Cuando la nena terminó, Tremebunda estaba lavada, enjabonada, secada, entalcada, planchadita y arreglada. La cara blanca y brillante, el pelo peinado, tan pero tan limpia y prolija que Tremebunda, muerta de miedo y vergüenza, rogando que ninguna otra bruja la viera, voló por los aires y se encerró en su castillo, y no volvió a salir, nunca jamás.

Graciela Pacheco de Balbastro





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